El camión de bomberos rugía de regreso a la Estación 314, cortando el aire pesado de la tarde. En la cabina, el silencio era denso. Lucas conducía con la vista fija en la carretera, mientras Liam y Nicolás, en el asiento trasero, intercambiaban miradas de desaprobación. Gabriel, sentado en el lugar del copiloto, mantenía la mandíbula apretada, observando cómo el perfil del pueblo se acercaba.
Justo cuando el edificio de la estación apareció en el horizonte, Gabriel tomó el radio de comunicación