—¡Por los clavos de Cristo, Bella! Estás pálida. Y caminas como si te hubieran pasado por encima con el camión de bomberos.
Isabella lanzó una mirada de soslayo a Gabriel, quien seguía bebiendo su café con una calma exasperante.
—Es el... el entrenamiento de ayer, Lucas —mintió ella, apretando los dientes al intentar acomodarse en la silla—. Las series de ascenso. Creo que me excedí con el peso.
—¿El peso? Pero si ayer te veías muy ágil —insistió Lucas, levantándose para ponerle la mano en la f