Narrado por Gabriel Calvelli
Si alguien me hubiera dicho hace un año que mi mayor problema después de sobrevivir a un rescate imposible, un envenenamiento sistemático y una mudanza clandestina a los Alpes suizos sería una esposa amnésica convencida de que es mi amante despechada, me habría reído en su cara. Pero ahí estaba yo, en la cocina de la mansión de cristal que habíamos alquilado, intentando preparar un café que no me hiciera temblar las manos, mientras los gritos de Isabella resonaban p