Tiene que ver todo. Él necesita estar seguro. Y tú... —me tragué el nudo en la garganta—, tú necesitas estar conmigo.
Ella me miró fijamente. Podía ver cómo su mente trabajaba, tratando de descifrar el rompecabezas. Por un lado, la rabia por la "mentira" del matrimonio; por otro, la conexión instintiva que sentía hacia mí. Era una lucha desigual.
—Eres un mentiroso, Gabriel Calvelli —susurró, bajando la guardia—. Un mentiroso arrogante, manipulador y... terriblemente atractivo. Y eso es lo que