—¡SUÉLTAME! ¡SECUESTRADOR! ¡POLICÍA! —empezó a gritar, moviéndose como un gato salvaje entre mis brazos.
—¡Bella, cállate de una vez! —dije, aunque mi voz no tenía ninguna amenaza real.
—¡NO ME VOY A CALLAR! ¡DÉJAME BAJAR, ADÚLTERO DE QUINTA!
—¡Usa condón, Gabriel! —gritó Noah desde la sala—. ¡Que no queremos sobrinitos si el bebé ya está en camino!
—¡CIERRA LA BOCA, NOAH! —rugí, mientras Isabella seguía gritando.
—¡QUE ME DEJES! ¡AYUDA! ¡ESTE HOMBRE ES UN...!
Decidí que la única forma de que r