Narrado por Isabella Carrington
El sonido de la cámara fotográfica al retratarme de frente y de perfil fue como una serie de latigazos eléctricos. Flash. Flash. Flash. Mis huellas dactilares, manchadas de tinta negra, quedaron plasmadas en el formulario de ingreso. Ya no era la mujer que despertaba entre sábanas de hilo en la casa de Gabriel; ahora era el número de expediente 4092-B.
Me llevaron a una celda de aislamiento en la comisaría central. El frío del cemento traspasaba mis huesos, pero