Narrado por Gabriel Calvelli
Si alguien me hubiera dicho que el sonido de un llanto agudo a las tres de la mañana sería la banda sonora de mi vida, le habría dicho que estaba loco. Pero allí estaba yo, tambaleándome por el pasillo de mi propia casa, con los ojos entrecerrados y el uniforme de bombero a medio poner, porque la sirena de la estación y el despertador humano llamado Dominic habían decidido sonar al unísono.
—Yo voy, Bella... quédate en la cama —murmuré, aunque ella ya estaba s