Narrado por Gabriel Calvelli
El sol de la tarde en Thalassa tenía un tono dorado, casi irreal, como si el cielo supiera que hoy no era un día para incendios, sino para incendiar el alma de otra manera. Tenía los nervios de un recluta en su primer rescate de altura, pero mi rostro permanecía impasible, esa máscara de Capitán que me había servido de escudo durante años.
Isabella caminaba a mi lado por la arena húmeda, cargando a Dominic en una mochila porta bebés delantera. El niño balbuceaba,