La noche sobre Thalassa no traía calma, sino un viento seco que soplaba desde el puerto, arrastrando el olor a salitre y, de repente, el hedor inconfundible del caucho quemado. La alarma de la Estación 314 rasgó el silencio justo cuando el turno estaba por terminar.
—¡Incendio estructural en los almacenes del sector 4! —rugió la voz de despacho por los altavoces.
Salimos disparados. El camión 22 rugía bajo mis pi