Narrado por Gabriel Calvelli
El tiempo en el pasillo de urgencias del hospital de Thalassa no transcurría; se estancaba. El aire, denso y cargado de un olor a ozono y desinfectante, parecía comprimirse en mis pulmones cada vez que el segundero del reloj de pared avanzaba un tic. Lucas estaba sentado en una silla de plástico, con la cabeza entre las manos, balanceándose levemente. Liam y Emma estaban en un rincón, murmurando plegarias que se perdían en el bullicio de los enfermeros que corrían d