La luz fluorescente de la sala se encendió de golpe, cegándonos a ambos.
—¡Pero qué demonios...! —la voz de Lucas retumbó como un trueno.
Me detuve en seco, con Isabella todavía en mis brazos, su rostro escondido en mi cuello y su espalda descubierta hacia la luz. Lucas y Liam estaban parados junto al interruptor, con cajas de pizza en las manos y las bocas abiertas.
—¡Capitán! —gritó Liam, soltando casi la pizza—. ¡Pensamos que estabas en el cine viendo una de Hitchcock!
Isabella se tensó y se