—Recuerda la playa, mi amor —le dije al oído, con la voz rota—. Recuerda el sonido de las olas en Thalassa. Recuerda cuando llegaste a la estación muerta de miedo y terminaste siendo nuestra capitana. Recuerda a Dominic... él te necesita. Yo te necesito. No eres una asesina, Isabella. Eres la mujer más valiente que he conocido.
Isabella se movió levemente bajo el efecto del sedante. Sus labios se entreabrieron y un suspiro débil escapó de ellos. Por un segundo, sus dedos se cerraron instintivam