—Soy el Capitán Vargas —dijo, sin devolver el saludo—. He leído sus expedientes. Buenos números en rescate acuático y estructuras inflamables. Pero escúchenme bien: Olimpia no es un pueblito de playa. Aquí los incendios no esperan a que el mar suba para apagarse. Aquí tenemos rascacielos de ochenta pisos, sistemas eléctricos obsoletos y gente con más poder que Dios que no quiere que toques sus paredes de mármol.
—Entendido, Capitán Vargas —respondió Lucas con una seriedad impecable—. Estamos aq