—¡¡NO!! —el grito salió de las gargantas de todos al unísono.
Isabella perdió el equilibrio y su cuerpo cayó hacia atrás, hacia el vacío. Solo su instinto primario de supervivencia la hizo girarse en el aire y alcanzar a sujetarse de la baranda de cristal con las puntas de los dedos. Su cuerpo quedó suspendido en el aire, balanceándose peligrosamente a quince metros de altura.
—¡¡BELLA!! —rugí, olvidando todo el protocolo. Me abalancé sobre el barandal, lanzándome sobre mi estómago para intenta