Lucas se acercó, poniéndose a mi lado con una expresión de pura hostilidad. —Stefanía. Qué sorpresa. Pensé que el mundo del arte en Europa te tenía demasiado ocupada para acordarte de este "pueblo de bomberos".
—Hola, Lucas. Veo que sigues siendo el perro guardián de Gabriel —replicó ella con una elegancia hiriente—. Solo he venido a saludar. Gabriel y yo tenemos mucho de qué hablar, ¿verdad, Gabi? Diez años dan para muchas explicaciones.
—No tenemos nada de qué hablar —dije, recuperando