Liam y Nico colocaron un pastel enorme sobre una de las mesas de trabajo del hangar. Tenía una cobertura de chocolate oscuro y fresas, con velas encendidas que bailaban con la brisa. Isabella se llevó las manos a la boca, y por primera vez en todo el día, vi cómo su máscara de hielo se derretía. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero eran lágrimas de alegría, de sorpresa, de sentirse querida.
—¡Felicidades, hermanita! —gritó Noah, abrazándola