La batalla estalló con una intensidad desbordante. Medinson, envuelto en una oscura aura, alzó las manos y, con un grito desagradable, lanzó un conjuro. Desde las sombras surgieron figuras espectrales, emergiendo del suelo como cadáveres vivientes, avanzando implacables hacia los guerreros, quienes a aquellos que eran tocados por las garras heladas de los espectros caían al suelo, con sus cuerpos rígidos y sus miradas perdidas en un trance profundo.
—¿Qué son esas cosas? —preguntó Aradne, con u