—Bienvenida cariño… —Mila recibió el abrazo de Sibel, y luego notó que su padre estaba muy callado, pero, aun así, fue hacia él para abrazarlo, y luego se giró.
—Gracias, Sora, por buscarme en el aeropuerto…
Él sonrió y dejó a la familia a solas.
—¿Cómo está Ana y Alex?
—Bien má, unidos como siempre, y te envían saludos. Dicen que tratarán de visitarlos pronto.
—Me encantaría tener a Ana aquí… ¿Tienes hambre, puedo pedir que hagan algo para ti?
Mila negó.
—No, comí algo en el avión, fue un viaj