El silencio tenso se apoderó de la habitación mientras Mila esperaba la reacción de Mikhail. Sus ojos oscuros se estrecharon, y su expresión se volvió más seria, más asesina, pero Mila se mantuvo erguida, mirándolo directamente a los ojos, sin titubear.
—¿El amante? —murmuró Mikhail, y sonrió de forma siniestra que dejaba entrever una mezcla de incredulidad y desafío.
Mila asintió con determinación, sin apartar la mirada. Sabía que estaba llevando las cosas a un límite, pero necesitaba poner f