Mundo ficciónIniciar sesiónLa celda de mujeres olía a una mezcla nauseabunda de sudor viejo, perfume barato y desesperación humana condensada. Valentina estaba acurrucada en el rincón más alejado de la entrada, con las rodillas apretadas contra su pecho y la mirada fija en una mancha oscura en la pared de concreto agrietado que probablemente llevaba décadas ahí.







