Con Dimitri muerto, su imperio de cincuenta años colapsó en cincuenta minutos.
La fortaleza que había parecido inexpugnable se desmoronó como un castillo de naipes cuando los guardias comprendieron que el hombre que firmaba sus cheques yacía muerto en el suelo de mármol. El primero en desertar fue Volkov, el capitán de seguridad que había servido a Dimitri durante dos décadas. Dejó caer su rifle AK-47 al suelo con un estruendo metálico que resonó por los pasillos de piedra, se quitó el brazalet