Zahar abrió los ojos rápidamente y frunció el ceño.
—¿No lo es? —Kereem negó.
—No…
—¿Entonces? ¿Quién es?
—Soy yo. Y tú te irás de aquí, llegarás a Estados Unidos, y…
A ella le dolía el pecho, entonces puso la palma en su boca.
—No digas nada más. No quiero soñar con nada que no pueda tener. Solo…
Kereem le quitó la mano de su boca, y fue a sus labios como si se los arrancara. Besarla de nuevo era tomar una fuerte dosis de adrenalina. Era literalmente volver al torbellino, al caos, a llegar a l