—¿La han revisado?
Asad asintió y encontró un rastreador.
—Lo desactivé a medio camino, pero lo pensé mejor, señor, así que lo desvié con un grupo de hombres para que parezca que estamos en el búnker.
—¿Qué? —Kereem se agitó—. ¡En el búnker está toda mi familia, Asad! ¡O al menos la que queda, maldit@ sea!
Asad miró las manos de Kereem en su cuello y pasó un trago.
—Lo sé, señor. Pero el Búnker es impenetrable. Además, son cobardes, ellos esperan que usted salga con la señorita Zahar. Recuerde