Zahar…
Estábamos todos en la misma nave. Los mercenarios, el equipo táctico, Milo… y Víctor, sentado más adelante, con los papeles de operaciones en su maletín. Era como si el fin de una guerra no significara la paz, sino otra forma de silencio.
Yo iba al fondo, con la chaqueta en las piernas, la mirada perdida en el vacío, mientras las luces tenues del fuselaje hacían sombras largas en los rostros.
Mi corazón… no había vuelto a latir con fuerza desde que me separé de él.
Y cuando el piloto anu