Todo el salón se quedó en silencio absoluto, mientras Kereem apretó los dientes.
—Si hay alguna duda de que todos pagarán, hoy entiendan que no… —Kereem se dirigió a todos—. Nadie se quedará sin su paga, nadie… incluso yo siento el emir de esta nación, pagaré todos mis errores…
Las lágrimas bajaron por el rostro de Sanem, y luego de que Kereem se retirara del salón, ella miró a Naim fijamente, como si le dijera que le urgía hablar con él.
Ella salió detrás de Kereem, y casi corrió hasta alcan