Zahar…
Corríamos, no trotábamos, no avanzábamos con cautela, corríamos como si la muerte nos pisara los talones. No nos movíamos en formación, corríamos como fugitivos, como cazadores, perseguidos por el mismo fuego que desatamos. La sangre aún me ardía en la cara, seca ya, pero aún presente como un recordatorio de que él también me había salvado.
El cuerpo aún me temblaba por el corte en el cuello, por el ataque, por la forma en que Kereem me había arrancado de la asfixia… pero no era eso lo q