Sanem caminó de aquí allá y luego se detuvo cuando la puerta de su habitación fue abierta.
Sus ojos se fueron a los de Kereem y ella soltó el aliento.
—¿A qué hora sale tu vuelo? —Kereem se quitó su reloj de pulsera y luego la miró.
—Ocho de la mañana…
Él pasó por su lado y Sanem lo haló de la camisa.
—Hablemos… —Kereem asintió lento—. Sé que… todo lo que dije…
—Olvídalo Sanem…
—No quiero olvidarlo. Tú… nunca fuiste así conmigo, siempre fuiste comprensivo conmigo, muy protector. Lo que me han h