CAPÍTULO 51 AMOR Y REDENCIÓN
Kereem…
No sé cómo llegamos, pero llegamos.
Los motores del helicóptero todavía estaban calientes cuando atravesé las puertas del centro médico improvisado, con Zahar entre mis brazos. Las luces blancas del pasillo me cegaron por un segundo, pero lo único que veía era su rostro pálido, el sudor en sus sienes y el temblor de sus pestañas.
—¡Necesito atención urgente! ¡Está herida! —grité mientras dos camilleros corrían hacia nosotros.
No quería soltarla ni por un seg