Hubo un silencio largo, tenso y denso.
Zahar no pudo apartar la mirada de Kereem. Su pelo se veía algo desordenando, y vestía de negro, su sola presencia generaba esa imponencia de siempre, pero en sus ojos, había algo más que rabia.
Era como si estuviera decepcionado de ella, y algo se removió en su estómago.
—No sabía que llegaban antes… —Emré fue el primero en excusarse, y Zahar pensó que el primero en descontrolarse era Kereem, pero ella estaba muy equivocada de ello.
—¿Qué es esto? ¿Cuánta