CAPÍTULO 41 AMOR Y REDENCIÓN
Zahar…
El sonido del despertador era un murmullo casi imperceptible entre la negrura que cubría la ciudad. Eran las 4:33 a. m. cuando abrí los ojos, no hizo falta que sonara una segunda vez.
Kereem estaba detrás de mí, su brazo aún sobre mi cintura, su respiración profunda y cálida en la curva de mi cuello. Por un segundo quise ignorar todo. El mundo, la guerra, la misión. Solo quedarme ahí, envuelta en ese refugio que habíamos construido entre el caos, pero no, no