CAPÍTULO 42 AMOR Y REDENCIÓN
Zahar…
No sé cuánto tiempo dormimos, pero cuando abrí los ojos, sentí que mi espalda era una piedra quebrada. El suelo frío se me había metido en los huesos, y el sudor que antes empapaba mi cuerpo ahora se había secado dejándome la piel áspera y tirante.
Kereem seguía junto a mí. No dormía, pero tampoco hablaba. Solo tenía los ojos abiertos en la oscuridad, su rostro a centímetros del mío, y su respiración medida. Apoyaba la cabeza contra la pared, pero sostenía mi