Zahar…
No tomé su mano cuando me la ofreció para subirme a la camioneta y traté de alejarme de su distancia cuando le ordenó a Asad ponernos en marcha. Mi cuerpo estaba lo suficientemente débil como para hacer un mal movimiento, además, en el encierro, el olor de Kereem me envolvió de forma tóxica y al mismo tiempo, me llenó de una familiaridad que desde hace meses no sentía.
La camioneta comenzó a moverse, dirigiéndose hacia donde Kereem se estaba alojando. Eso creía yo. No hablamos durant