Zahar.
El eco de las palabras de Alessia resonó en mi mente como una sentencia ineludible: “todos los tratos se cerrarán con una sola persona, y ese es el Emir, Kereem Abdalá…”.
Tragué en seco, sintiendo una mezcla de frustración y desesperación. Víctor, con su mirada de preocupación, intentaba leer mi expresión, pero sabía que debía mantener la calma. No podía mostrarle lo que realmente sentía, no ahora, cuando todo pendía de un hilo tan delgado.
—No entiendo —Víctor le dijo a Alessia y ella p