Zahar.
Intenté mantener la compostura, intenté fingir que no me afectaba, que había seguido adelante con mi vida, pero en el fondo sabía que estaba mintiendo. No solo a él, sino también a mí misma. Porque la verdad era que Kereem nunca había dejado de estar presente en mi mente, en mis sueños, en mi cuerpo…
Había intentado ser fuerte, había intentado construir algo nuevo, pero en el fondo, él seguía siendo mi debilidad.
El peso de la mirada de Kereem siempre había sido una carga que llevaba sob