Kereem
Desperté a las 6:00 a.m., después de una noche donde el insomnio me sostuvo el cuello como un verdugo paciente. Me había levantado dos veces a beber agua, y una más para revisar la bandeja de entrada en busca de información que aún no llegaba.
Zahar.
Su nombre era una maldita maldición. Respiraba en los huecos de mi cuerpo, incluso cuando no quería pronunciarlo.
Me duché sin apuro. El agua helada era lo único que podía aplacar la tensión que cargaba desde que no tenía conciencia, y Kendra