Zahar.
TRANSICIÓN.
Después de que Víctor me dejó en mi nueva oficina, me senté en la silla de cuero negro, permitiéndome unos momentos para asimilarlo todo. La vista desde la ventana, con el horizonte de la ciudad desplegándose ante mí, era impresionante, pero no pude evitar sentir un peso en mi pecho. La emoción de comenzar algo nuevo estaba teñida con la ansiedad de lo desconocido.
La carpeta con mi nombre en letras doradas sobre el escritorio me llamaba, así que la abrí con manos temblorosas