Zahar…
Londres me recibió con lluvia, una lluvia ligera. Me bajé del auto que me trajo al aeropuerto y reservé una habitación muy cerca del edificio de Víctor.
Por supuesto que no le avisé de mi llegada, incluso tampoco le había confirmado el correo, así que Víctor no sabía que había llegado, y que, mañana por la mañana, me presentaría en su oficina.
Esto no lo hacía porque no quisiera que él lo supiera antes, sino porque necesitaba que esta vez… mi llegada fuera solo mía, sin expectativas, sin