Zahar…
Esa imagen no se me borró en todo el día.
No era la mujer rubia, no era su vestido, ni su presencia como "mano derecha". No era siquiera su rostro amable, ni sus modales diplomáticos, o tal vez su belleza que no se discutía.
Era él… Kereem… Sonriendo.
No una sonrisa política, ni una sonrisa vacía, sino esa sonrisa sincera que yo conocía, esa que se le escapaba cuando estaba cómodo, cuando bajaba la guardia… cuando estaba de alguna forma mostrando su naturalidad espontánea.
No dormí esa n