Zahar…
Atenas, Grecia.
El sol en Atenas tiene una forma distinta de caer sobre la piel. No quema, ni abrasa, ni exige sumisión como lo hacía en mi tierra. Aquí… acaricia. Se posa suave sobre los hombros como un recuerdo que uno aún no sabe si duele o consuela.
Han pasado solo unas semanas desde que llegué a este lugar que es un contraste de historia y realidad, semanas desde que hui, para ser honesta conmigo misma. De Kereem, de la guerra, de todo lo que fui y lo que me obligaron a ser y ahora,