UNA DECISIÓN TOMADA.
UNA DECISIÓN TOMADA.
―No, ¡me niego! ―Elara miraba a Nathaniel con ojos furiosos. ― ¿Es que perdiste la razón? ¿Qué vas a hacer tú con ellos? Nathaniel, no vayas, no quiero… eso es peligroso… ¿Por qué tienes que ir?
Él caminó hacia su esposa y la abrazó.
―Mi amor, primero es mi empresa y segundo… Arnold y yo tenemos que ajustar cuentas. ―Nathaniel acunó su cara y le sonrió. ―No puedo perdonarle todo el daño que ha hecho, y… estoy seguro de que él tuvo que ver con la muerte de tu padre.
Elara ne