ROSAS ROJAS.
Nathaniel entró en la oficina, su mirada habitualmente firme se suavizó por un momento al ver el ambiente de trabajo tranquilo. Pero entonces, vio un gran ramo de rosas rojas en el escritorio de Elara y su buen humor se esfumó. Su semblante cambió instantáneamente, los músculos de su mandíbula se tensaron mientras se dirigía hacia el escritorio de Margarita.
―¿De dónde han salido esas flores? ―le preguntó a Margarita que ya había llegado.
―Oh, llegaron esta mañana para Elara. Las