INVITACIONES DE BODA.
INVITACIONES DE BODA.
El silencio en la oficina era un muro invisible, pero tangible, entre Elara y Nathaniel. Ambos, sumidos en sus pensamientos, evitaban cruzar sus miradas, como si en ellas pudieran leerse las preguntas sin respuesta que flotaban en el aire. La puerta se abrió de golpe, rompiendo la tensa calma. Victoria entró con un aire de suficiencia, su mirada gélida rozó a Elara antes de posarse en Nathaniel.
Sin preámbulo alguno, se acercó a él y lo besó en los labios. El beso fue un