CAPÍTULO 3: SALVÁNDOLA
― ¡Oh, demonios! ¿Ósea que vinimos para nada? ¿De verdad, Naomi?
Ella se quedó en silencio sin saber qué decir, por una parte, no quería entregarle su primera vez a ese hombre, que su padre había elegido, como su marido, pero tampoco quería arriesgarse con un extraño en un club.
―Naomi ―su prima, la agarró de los hombros ―Se que yo fui la primera en decir que estabas loca y no, no estoy bajo los efectos del alcohol. Pero tienes derecho a elegir por ti misma al menos una