Susan gimió, poniendo los ojos en blanco. —Primero, tienes que dejar de llamarlo así. Es ridículo. Segundo, no hay ni hubo nada entre nosotros, ¿de acuerdo? Solo me estaba ayudando a armar el árbol de Navidad. Insiste en ayudar con todo, y estoy demasiado cansada para discutir. Para mí, solo somos amigos.
Caroline echó la cabeza hacia atrás y se rió tanto que algunos invitados se giraron para mirarlas.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Susan, arrepintiéndose ya de haberle contado a Caroline.
Baj