Susan lo asimiló todo, con el corazón latiéndole ligeramente mientras dejaba su bolso sobre la mesa. Al darse la vuelta, Leo seguía junto a la puerta, observándola con una intensidad que le erizó la piel. No se había movido ni había dicho una palabra, pero su mirada estaba llena de algo silencioso, una atracción magnética que la impulsaba a acortar la distancia entre ellos. El silencio se hacía insoportable. Alguien tenía que decir algo, pero por un instante, se quedaron allí, mirándose fijamen