La inmensidad de la fortaleza de hielo negro proyectaba una sombra ominosa sobre el lecho del glaciar. Desde el campamento de avanzada en la entrada de la Grieta del Dragón, las antorchas de los trescientos guerreros de la alianza parecían apenas diminutas chispas frente a la mole de hierro y cristal que erigía Thorgrim el Devorador.
Un asalto frontal contra las murallas era inviable; las catapulta enemigas y los arqueros del Dominio de la Escarcha masacrarían a las tropas antes de que pudieran