El viento en las estribaciones superiores de los Pinos Negros no soplaba; aullaba como una jauría de bestias famélicas atrapadas en el granito.
A medida que la columna militar dejaba atrás las tierras fértiles del valle para adentrarse en la garganta del norte, el paisaje verde y gris se disolvía en una inmensidad blanca e implacable. La nieve acumulada en los senderos alcanzaba la altura de las rodillas de las monturas, y el gélido aliento de la montaña congelaba las sudaderas de cuero y los b