Conozco a Elizabeth de toda la vida y siento que nunca deja de sorprenderme. Definitivamente, no importa el lugar donde crezcas: el talento lo llevas en el corazón. Sea lo que sea, es pura fuerza. ¡Más orgullosa no podría estar!
Así que me levanté de mi asiento para ir a abrazarla. Esto merecía un par de copas.
—Oye, ¿a dónde vas, amor? —Iñaki me tomó del brazo.
—Iré al baño —mentí.
Solo quería felicitar a Elizabeth, que era como mi hermana. Aunque tenía mucho que reprocharle: me había ocultado