Me llevé la mano al corazón, derrotada. Mis peores temores se habían hecho realidad y no había vuelta atrás.
¡Era una pesadilla!
Javier seguía tratando de explicarle a Semir que todo estaba bien a través del auricular.
—Manténme informado —ordenó Semir desde el otro lado.
Javier me hizo una señal para que apagara mi auricular.
Lo hice de inmediato.
Él tiró el suyo sobre la mesita, dejando escapar un suspiro ahogado.
No sé cuánto tiempo permanecimos en silencio hasta que él rompió el hielo.
—Eli