—Por favor, siéntanse cómodos, como en su casa.
Al fin había terminado de redactar mi discurso.
Estábamos a tan solo dos días del lanzamiento y Grupo Olvera parecía al borde del colapso. Todo el mundo corría de un lado a otro cargando carpetas, muestras, tabletas y teléfonos que no dejaban de sonar.
La presión por parte de los inversionistas y la prensa era insoportable.
Algunos rumores llegaban a mis oídos. Decían que incluso vendría gente desde Mendoza. Tenía mil millones de preocupaciones y,